En principio, la osteopatía contribuye a mejorar cualquier patología en la que existe un trastorno de movilidad, elasticidad y función de alguna de las estructuras del cuerpo humano. Por lo tanto existen muchas dolencias para las que es recomendable:
Patologías del aparato locomotor:
* Lumbalgias
* Dorsalgias
* Cevicalgias
* Latigazo cervical
* Hernias discales
* Ciáticas
* Desequilibrios posturales
* Esguince de tobillo
Patologías viscerales:
* Estreñimiento
* Digestión difícil
* Hernia hiatal
* Ciertos trastornos ginecológicos
* Adherencias postquirúrgicas
Patología craneal:
* Migrañas, cefaleas
* Acufenos
* Alteraciones neurovegetativas
* Síndromes postraumáticos
* Bruxismo
* Disfunciones de la articulación temporo mandibular
* Vértigos, mareos
* Ciertos trastornos oftalmológicos
* Trastornos del recién nacido
* Sinusitis
Estas son sólo algunas de las dolencias más comunes que puede tratar la osteopatía, una terapia que también tiene sus límites y contraindicaciones. “No se debe hacer en personas con un estado debilitado de la estructura por alguna patología tumoral, reumatológica, vascular, ósea, etc. Tampoco se puede usar en patologías degenerativas neurológicas, inflamatorias en general ni en trastornos psiquiátricos”, apunta el osteópata González. Por lo demás, es recomendable para personas de todas las edades; desde recién nacidos hasta personas muy mayores.
En muchos casos la osteopatía consigue retrasar y a menudo evitar la intervención quirúrgica. “Cuando hay hernias discales, cervicales y lumbares, o en patologías de rodilla, se suele conseguir desplazar la propuesta quirúrgica. Aunque no hay que descartarla para los casos más extremos. De todas formas en muchos países de Europa es habitual que los médicos propongan la osteopatía antes que la cirugía”, reconoce Mario Luis González.